doctrina

El tratamiento penitenciario como mecanismo de disciplina carcelaria. Hacia la superación del modelo autoritario de rehabilitación

A pesar de que la lógica terapéutica indica que sólo un tratamiento voluntariamente aceptado puede tener éxito, la norma penitenciaria induce a cierta confusión sobre la naturaleza voluntaria u obligatoria del tratamiento penitenciario. Frente a la claridad con que se expresa el art. 112.3 RP, al reconocer que “el interno podrá rechazar libremente o no colaborar en la realización de cualquier técnica de estudio de su personalidad, sin que ello tenga consecuencias disciplinarias, regimentales ni de regresión de grado”, el art. 5.2 g) RP establece justamente lo contrario, catalogando como deber de los internos el de “participar en las actividades formativas, educativas y laborales definidas en función de sus carencias para la preparación de la vida en libertad”. A su vez, la dinámica general de cumplimiento abona este poso normativo y la unión entre evolución tratamental y acceso a permisos, tercer grado y libertad condicional sirve más para promover la participación activa del interno en el tratamiento e, indirectamente, el respeto de la normativa regimental, que el verdadero cambio del mismo en cuanto a responsabilidad y autonomía personal
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