Amenazas coactivas – Procesamiento – Elementos reunidos que dan cuenta de la relación conflictiva que unía a la expareja y la violencia que ejercía el imputado – Frases proferidas que, en el contexto, tuvieron idoneidad para amedrentar

Nacional \ Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional
Fecha resolución: 10 - Sep - 2020

“(…) I.- Convoca nuestra atención la apelación interpuesta por la defensa de O. R. M. contra el auto que lo procesó como autor del delito de coacción.

II.- A. S. I. denunció que el 18 de julio de 2019, entre las 21:30 y las 22:00 horas, cuando se retiró del supermercado (...) donde trabaja, su ex pareja M. que aguardaba en un vehículo, tocó la bocina para que ascendiera; ante su negativa aquél bajó y, simulando abrazarla -con una mano la tomó del brazo mientras que con la otra apretaba su nuca-, la subió al automóvil mientras le decía “subí calladita  porque si no te cago a palos, no grites”.

Explicó que esa acción pudo responder a que, ese mismo día, ella accedió a la cuenta que el imputado tenía en el Banco (...) y efectuó una transferencia hacia la suya por U$S 3708,08 -dinero que aseguró pertenece a sus ahorros-.

No hay indicios que pongan en tela de juicio la versión de la víctima, más aún cuando describió la secuencia de manera coherente en sus presentaciones, lo que descarta que se hubiera expresado mendazmente. Incluso brindó el motivo que podría contextualizar el comportamiento de M.

P. E. y S. C. dieron cuenta de la relación conflictiva que los unía y la violencia que ejercía el imputado, a punto tal que tras realizar la operación bancaria la damnificada se comunicó con la primera y le dijo “tengo miedo, me va a matar”.

Por su parte C., como compañera de trabajo, observó una “situación rara” fuera del supermercado y cuando M. salió del vehículo, se dirigió hacia S. y la increpó.

El informe interdisciplinario efectuado en la Oficina de Violencia Doméstica destacó una situación de riesgo alto en función del temor del último episodio que dio origen a la denuncia, los que habría padecido a lo largo de la relación y el carácter cíclico y periódico de las agresiones sufridas.

Lo expuesto demuestra que no se trata de un hecho aislado y menos aún de una simple discusión derivada de la transferencia bancaria, pues sin entrar a discutir sobre la pertenencia de los fondos, aun de ser propiedad del imputado debió actuar de otra forma.

En el contexto las frases proferidas tuvieron idoneidad para amedrentar a la denunciante, considerando el entorno analizado y su coyuntura, máxime cuando I. destacó el temor de que pudiera concretarlas.

La doctrina sostuvo que “tanto las amenazas como las coacciones tienden a quebrantar la tranquilidad espiritual del individuo. Así, el bien jurídico en juego es la libertad individual en su esfera psíquica, que es la libertad de determinarse, de obrar conforme a su propia voluntad…” (Céliz Fabián R.E., “Amenazas y coacciones”, en “Delitos contra la libertad”, ed. Ad. Hoc., marzo 2003, pág. 262/263 citado en causa de esta Sala nro. 24.051/2015 “J. Z., J. J.”).

Nuestro país se comprometió a actuar con debida diligencia y sin dilaciones en la aplicación de políticas orientadas a prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer e incluir en su legislación interna la normativa y los procedimientos legales eficaces a ese fin, al ratificar la “Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer” y la “Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer” -Convención de Belem Do Pará-, que revisten jerarquía constitucional desde su aprobación mediante las Leyes 23.179 del 8 de mayo de 1985 y 24.632 del 13 de marzo de 1996 respectivamente.

Todo ello importa la necesidad de analizar los conflictos que se susciten en temáticas en que las mujeres estén involucrados a la luz del principio de amplitud probatoria (cfr. Sala VI -con una integración parcialmente distinta- causa n° 78043/2017 “T., F. D.” rta. El 19/5/2020) (...)”

Descargar archivo 1 : fallos49414.pdf
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