Homicidio preterintencional agravado por haberse cometido contra una persona con quien se ha mantenido una relación de pareja (art.82 en función del 80 inciso 1 y 81 inciso 1 “b” del CP) – Calificación legal

Nacional \ Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional
Fecha resolución: 16 - Sep - 2020

“(…) Situación procesal de Z. U. V.

De adverso a lo sostenido por el recurrente, los elementos reunidos permiten tener por acreditada la intervención de la imputada en el suceso.

En esa senda, se valora el relato de J. W. E., quien refirió que mientras se encontraba junto a J. M. G. B. en la vía pública, fueron sorprendidos “por una mujer de nombre Z., ex pareja de su amigo, quien poseía en sus manos una botella de vidrio cortada, que le dijo ‘Londra vos no te metas porque sino, también vas a cobrar, no lo defiendas a Manuel’…” y comenzó a correr detrás del damnificado con la botella cortada.

Agregó que luego de unos minutos regresó al lugar, donde vio a G. B. desvanecido y que emanaba abundante sangre de la pierna, mientras que la encausada se encontraba junto a él muy nerviosa y le manifestó “que fuera a pedir ayuda a Gendarmería y luego desapareciera”.

Así, E. fue en busca de ayuda y, cuando regresó junto a los uniformados, la imputada se retiró rápidamente.

Sobre la agresión, el testigo relató que si bien no observó el momento exacto en que ocurrió, en ocasión de volver al lugar escuchó que un hombre -de quien no pudo aportar datos- refirió “la gorda lo pinchó” (fs. 12/13).

Sus dichos se encuentran avalados con la necropsia llevada a cabo, en cuanto reveló que el occiso presentaba una herida punzocortante de 2.1 centímetros de longitud, en la cara posterior del tercio medio de la pierna izquierda, pues esta lesión resultaría compatible con la agresión con una botella de vidrio cortada como la que, según manifestó E., la imputada tenía en sus manos cuando corrió a G. B.

Por otro lado, si bien de los dichos de Víctor Caballero y Facundo Gómez, de la Gendarmería Nacional, se desprende que al llegar al lugar constataron la presencia de un hombre herido, junto al que se hallaba E., quien les manifestó que “Manuel había sufrido un robo en horas de la madrugada siendo apuñalado” (fs. 1 y 2), ante el personal de la División Homicidios de la Policía de la Ciudad el nombrado dio otra versión del hecho, pues dijo que “mientras estaban bebiendo alcohol arribó al lugar la esposa del fallecido, de la que sólo sabe que se llama Z. y que la misma apuñaló a Manuel” -en referencia a G. B.- (fs. 11).

En ese marco, la contradicción aludida, al menos de momento, no autoriza a restarle credibilidad a lo relatado por E. ante la División Homicidios, como pretende la defensa, pues su versión inicial al personal de la Gendarmería Nacional bien pudo deberse al temor que le generó la situación ya que -según dijo- la imputada le expresó “Londra vos no te metas porque sino, también vas a cobrar” y, luego de la agresión, le manifestó que fuera a pedir ayuda y después “desapareciera”.

Por lo demás, en cuanto a la motivación que habría generado la agresión tanto E. como S. G. B. -hermana del fallecido- fueron contestes en torno a que la víctima había cobrado recientemente una indemnización con motivo de un accidente laboral.

Puntualmente, S. G. B. dijo que el día anterior al hecho mantuvo una conversación con su hermano, quien le manifestó “me escapé de la casa de Z., hoy fuimos al banco y me enteré que me estaban sacando la plata del juicio -en referencia a la imputada y al hijo de ésta-”.

A ello se adicionan los comprobantes hallados en el registro domiciliario llevado a cabo en la vivienda de la imputada, que se corresponden con las extracciones de dinero realizadas en la cuenta de la víctima y dos compras efectuadas en un “Supermercado Coto”.

Además, se ha verificado que el damnificado, poco antes de su deceso, había dado de baja su tarjeta de débito (ver nota actuarial del 9 de agosto último y audio en el que J. M. G. B. solicitó la baja de la tarjeta porque -según dijo- la había “extraviado”) pese a lo cual, el 25 de julio pasado a las 10:07 -ya fallecido G. B.- se observó en las imágenes obtenidas por las cámaras ubicadas en el “Banco Santander Río” que una persona de características similares a la imputada intentó utilizarla (ver documentos titulados “nota homicidios con documentación escaneada” y “movimientos tarjeta de débito” incorporados el 8 de agosto y el 30 de julio, respectivamente).

Tales indicios resultan suficientes para avalar la hipótesis sostenida en la instancia anterior respecto a que la agresión hacia la víctima habría tenido como motivación el dinero que ésta había cobrado.

La imputación así construida no se desvanece en función de los dichos de D. G. U. -sobrina de la encausada-, quien refirió que “L. estaba corriendo a un fisura queriendo agarrarlo porque le había metido un cuchillo a Manuel”, manifestación que debe ser ponderada con cautela, particularmente si se recuerda que inicialmente le habría expresado a la hermana de G. B. -según ésta expuso- que “Z. lo mató -en alusión al occiso-, pero por favor no digas nada, ella es mi tía” y luego habría modificado su versión con motivo de un llamado que recibió de Ulo Veraztegui (fs. 62).

Por lo expuesto, habiéndose conformado la probabilidad exigida por el artículo 306 del Código Procesal Penal, corresponde homologar el juicio de reproche discernido en la instancia anterior.

En cuanto a la calificación legal

A este respecto, se entiende que los agravios expresados tampoco pueden prosperar.

En ese sentido cabe recordar que, de acuerdo con la prueba antes reseñada, la muerte de J. M. G. B. se produjo instantes después de que fuera presuntamente agredido por la causante, extremo que en esta etapa impide descartar una conexión causal entre la acción atribuida y el mencionado resultado.

Cierto es que la necropsia realizada determinó que aquél sufrió una herida punzocortante en la cara posterior del tercio medio de la pierna izquierda; que tal “lesión provoca un hematoma peri-lesional, con concentración hemática sub-aponeurótica y entre las fibras del peri-tendón y tendón de Aquiles de la pierna. Dicha concentración hemática no representa idoneidad suficiente para provocar la muerte ni participar en la génesis de la misma”; y que -en definitiva- el deceso de G. B. se produjo a consecuencia de una cardiopatía hipertrófica y un edema encefálico difuso.

Sin embargo, ello no basta en el caso para modificar la calificación legal, pues -como se dijo- desde un punto de vista objetivo es dable presumir, al menos de momento, que la muerte de G. B. no habría acontecido sin que se produjera el ataque atribuido a Ulo Veraztegui, con mayor razón al ponderar -conforme lo apuntara la señora jueza- la incidencia que podría haber tenido la situación de estrés padecida por aquél, más allá de que se encuentran pendientes ciertos estudios complementarios de la necropsia. En ese marco, las características de la agresión, además de evidenciar el dolo de lesiones, impiden descartar la previsibilidad del resultado mortal que requiere el homicidio preteritencional, particularmente frente a los detalles que se conocen acerca de la relación previa entre ambos y la constatación, durante la autopsia, de distintas lesiones en el rostro y los miembros superiores -algunas autoinfligidas- e inferiores, de antigua data, que avalan la hipótesis de que ella le habría aplicado malos tratos al damnificado, como lo expuso la hermana de éste.

En esas condiciones, sin perjuicio de lo que en definitiva resulte de la investigación, la Sala comparte el encuadre legal asignado al suceso que se atribuye a Ulo Veraztegui. (...)”.   

Descargar archivo 1 : fallos49446.pdf
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